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Bangladés, asentado en el mayor delta fluvial del planeta, es un país donde la densidad humana impresiona tanto como la calidez de sus habitantes. Con millones de personas concentradas en un territorio reducido, sus ciudades pueden parecer abrumadoras a primera vista. Sin embargo, detrás del bullicio surge una amabilidad constante: miradas curiosas, gestos espontáneos y una hospitalidad que desarma.
El país está marcado por tres ríos colosales: Padma Ganges en la India), Meghna y Jamuna que modelan un paisaje fértil y, a la vez, frágil frente a inundaciones y ciclones. También alberga un récord natural poco conocido: la playa continua más larga del mundo, la de Cox’s Bazar, una franja de arena que se extiende a lo largo de unos 120 kilómetros.
Bangladesh, set within the world’s largest river delta, is a country where population density overwhelms as much as the warmth of its people reassures. With millions living in such a compact territory, its cities can feel intense at first glance. Yet behind the constant bustle lies an unfailing kindness: curious looks, spontaneous gestures, and a hospitality that disarms even seasoned travelers.
The nation is shaped by three mighty rivers the Padma, Meghna, and Jamuna, which create a landscape both fertile and vulnerable to floods and cyclones. Bangladesh also holds a lesser-known natural record: the world’s longest uninterrupted beach, the 120-kilometre stretch of sand at Cox’s Bazar.


Mi ruta incluyó Dhaka, Sreemangal, Khulna, Bagerhat, Chittagong y Cox’s Bazar. En la capital, el caos urbano convive con una energía creativa que se respira en mercados y calles sin descanso. Sreemangal ofrece un respiro verde entre plantaciones de té; Khulna y Bagerhat conectan con la historia islámica y Chittagong revela el pulso portuario del país. Cox’s Bazar invita a detenerse ante un litoral que parece infinito.
En todos estos lugares encontré la misma constante: una población que, pese a las dificultades diarias, conserva una sorprendente capacidad de ternura y ayuda. Viajar por Bangladés es descubrir que, incluso en medio del exceso, la humanidad puede ser lo que mejor define a un país.
My route took me through Dhaka, Sreemangal, Khulna, Bagerhat, Chittagong, and Cox’s Bazar. In the capital, urban chaos mixes with a palpable creative energy in markets and streets that never seem to rest. Sreemangal offers a green pause among tea plantations; Khulna and Bagerhat connect travelers with the Islamic heritage and Chittagong reveals the country’s port-driven pulse. Cox’s Bazar invites one to slow down before a shoreline that feels endless.
Across all these places, one constant remained: a population that, despite daily challenges, maintains a remarkable capacity for tenderness and help. Traveling through Bangladesh is a reminder that even amid excess, humanity can be a country’s most defining feature.


