Makoko, miseria flotante / floating poverty

En medio de la metrópolis más rica de África surge Makoko, la ciudad de los desheredados, de la pobreza extrema, un lugar indeseado por el gobierno nigeriano, una aparición que flota en la laguna, olvidada para los dirigentes de Lagos, la segunda ciudad más poblada del continente. Makoko pasó de ser un pequeño asentamiento de pescadores a una población de casi medio millón de almas, muchas de las cuales viven en situación de indigencia. Para mayor agravio, Makoko no está lejos de Banana Island, un exclusivo barrio al que solo se accede con un código, un barrio de lujo extremo, con helipuertos y embarcaderos privados, la zona más opulenta de la ciudad.

Right in the middle of Africa’s richest metropolis lies Makoko, the city of the dispossessed, of extreme poverty, an undesired place for the Nigerian government, a ghost floating in the lagoon, forsaken by the rulers of Lagos, the second most populous city on the continent. Makoko has grown from a small fishing settlement to a population of almost half a million souls, many of whom live in poverty. To make matters worse, Makoko is not far from Banana Island, an exclusive neighbourhood that can only be accessed with a code, a neighbourhood of extreme luxury, with helipads and private jetties, the most opulent area of ​​the city.

Una vez allí, navegando sus callejuelas en medio de esa Venecia del horror, un lugar donde no falta la violencia organizada y donde los niños juegan entre los palafitos sobre unos pocos metros cuadrados disponibles, la vida nos muestra su lado más cruel y, soprendentemente, también nos enseña cómo muchos de esos seres humanos crecidos entre pescado, agua negras y pestilentes, maderas podridas y toneladas de basura, son capaces de esbozar una sonrisa y saludarnos con una mezcla de curiosidad y afecto.

Once there, navigating the narrow channels of this Venice of horror, a place where there is no shortage of organized violence and where children play among the stilt houses on the few square meters available, life shows us its cruelest side and, surprisingly, also teaches us how many of those human beings raised among fish, black and stinking water, rotten wood and tons of garbage, are able to give a smile and greet us with a mixture of curiosity and affection.

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